Acompañar a un Hijo con Diabetes tipo 1
La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune provocada por la destrucción progresiva de las células del páncreas responsables de producir insulina.
Por alguna razón, el sistema inmunológico deja de reconocerlas como propias y las ataca como si fuesen una amenaza, hasta reducir y eventualmente eliminar por completo la capacidad del organismo de producir insulina.
¿Por qué se produce esa confusión fatal? ¿Qué provoca que un niño sano desarrolle de repente una condición tan grave e irreversible de la noche a la mañana?
Una vida diferente, pero normal
La vida con diabetes 1 al principio se siente como haber quedado recluido dentro de un universo permanente de restricciones y correcciones, no solo para el niño sino también para su familia.
Un cuerpo sano recibe la comida y se encarga de regular y administrar insulina autónomamente, mientras que cuando ese sistema ya no funciona, esos cálculos hay que hacerlos uno mismo y administrar la insulina lo más parecido a como lo haría el cuerpo.
Eso no solo implica que Axel se tiene que pinchar para recibir insulina, sino que además tiene que hacerlo cada vez que come.
Antes de administrar la medicación hay que hacer cálculos: cuántos hidratos de carbono está consumiendo, cuanto ejercicio hizo o hará en las siguientes horas, si los hidratos son de absorción lenta o rápida. De eso depende las unidades de insulina que deben administrarse. Hay dos tipos: lenta y rápida.
También tiene que medirse el nivel de glucemia en sangre, por lo que para ello tiene que pincharse el dedo o usar un monitor de glucosa permanente adherido al brazo.
La dosificación exige mucha precisión: un exceso de insulina puede provocar una hipoglucemia, mientras que una cantidad insuficiente puede producir una hiperglucemia. Una hipoglucemia grave puede causar pérdida de conciencia y requiere asistencia inmediata.
El único héroe en este lío
La mayor carga de esta condición médica, sin embargo, se la lleva el propio Axel.
Desde que se enfermó, trato de hacer que su vida sea lo más normal posible, pero muchas veces no resulta tan fácil. La diabetes tipo 1 y la pubertad no dialogan fácilmente. Las hormonas del crecimiento provocan subidas de glucemia en sangre que deben ser corregidas a medida que se detectan.
Si bien la glucosa es una de las principales fuentes de energía del cuerpo, las hiperglucemias sostenidas durante años pueden provocar un deterioro progresivo en distintos órganos y tejidos. Para ser utilizada correctamente, la glucosa debe ingresar a las células con ayuda de la insulina; cuando permanece elevada en la sangre de forma crónica, termina produciendo efectos tóxicos y daño acumulativo.
Axel es mucho más que un diagnóstico
Día tras día le enseño que no debe permitir que su condición defina su personalidad y lo que puede llegar a lograr en su vida.
Juntos hemos escalado el Cerro Uritorco, recorrimos el oeste de Argentina en camioneta, saltamos cascadas, nos tiramos en parapente, esquiamos, jugamos juntos al fútbol, fuimos a Japón, desmantelamos una bomba atómica, y más allá de los logros alcanzados, pudimos hacer algo mucho más importante: no permitir que la diabetes nos controle ni maneje la vida.
La identidad no queda definida por lo que nos pasó, sino por la manera en que permitimos que la vida nos transforme hacia aquello que podemos llegar a ser.
Esta crónica se escribió en colaboración con Axel.
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