Como Desmantelar una Bomba Atómica

En toda crisis hay una oportunidad.
Es un slogan, pero también es una verdad.

Todo siempre depende de la forma de pensar
Esa frase también es trillada; sin embargo, es cierta. 
De hecho, todo depende de la forma de pensar.
No van a salir los mismos pensamientos ni soluciones de la cabeza de un ingeniero que de un futbolista, un camionero, un ladrón o un profesor de yoga. 

Ya con solo nombrarlos resulta evidente que se trata de personalidades y modos de pensar completamente distintos, por lo que los pensamientos y respuestas dependerán de la configuración personal y única que cada uno tiene.

Esa configuración es lo que llamo "modelos mentales de la realidad".

El sufrimiento deriva de no aceptar los hechos tal como son, y pretender que se adapten a los modelos mentales de la realidad que tenemos instalados.

Sin embargo, la realidad no se detiene por nadie y ante nada, y es preciso mantener actualizados esos modelos mentales, a fin de no resultar sobrepasados por la marea de la vida cuando decide crecer descontroladamente y arrasar con todo.

Adáptate o muere, es la tercera frase trillada del artículo.

Recapitulando, entonces, primero es necesario aceptar los hechos tal como son.

Sucede de repente una situación inesperada, un accidente, un ataque, el descubrimiento de una red inagotable de mentiras, o la caída de una bomba atómica en el fondo de mi casa, por ejemplo.

Lo primero es la negación y el rechazo, lo cual genera sufrimiento. 
Pero luego es necesario adaptarse y generar nuevas soluciones, porque sino el sufrimiento inacabable solo lleva al deterioro mental y cognitivo, es decir al autoexterminio

Una vez que los hechos son aceptados tal como sucedieron, por más difíciles o irreversibles que sean, sobreviene otra etapa del proceso: la transformación personal.

Me encontraba en proceso de desarrollar mis métodos de transformación personal cuando aterrizó sobre mi jardín una bomba atómica
No explotó, pero destruyó parte de mi casa y de mi vida.

Nadie podía ayudarme, porque no encontré quien supiera qué hacer con una bomba atómica.

Muchos elegían hacer de cuenta que no estaba ahí, o que eran ideas mías, pero una bomba atómica explotando en mi jardín en Buenos Aires representaba un problema para todo el vecindario...y para todo un país!
Sin embargo, las autoridades se desentendieron también del problema.

Es entonces que me dispuse a dejar de pretender que otros solucionen el asunto de la bomba atómica en el fondo de mi casa, y me propuse desmantelarla yo misma.

No sé nada de bombas, pero puedo aprender.
Antes quizás hubiera sido imposible obtener información de ese tipo tan fácilmente, pero ahora la información se produce y circula de otra manera. Lo que necesite, lo puedo conseguir.
Se trataba además de una ocasión excepcional para poner a prueba las habilidades que vengo desarrollando desde hace años, aunque el peligro de toda la situación era palpable y real.

Para emprender esta tarea tuve que dejar todo lo que estaba haciendo: plantar jardines, desarrollar modelos, sistemas de escritura y mis obras de ficción, educar a mi hijo en casa, cocinar con ganas, trabajar.

La bomba requería que todos mis recursos mentales y físicos estuviesen dedicados a esa tarea.

Me llevó meses, más de los que hubiera imaginado al principio. Pasé por situaciones muy tensas e inesperadas, personas que se acercaron a colaborar y luego desistieron al comprender la complejidad de la tarea, formas cinematográficas con las que logré conseguir la información que me faltaba, situaciones desopilantes donde las mismas autoridades buscaban entorpecer mi trabajo.

No voy a negar que la bomba en el jardín representó un trauma para mí y mi hijo. Pero si bien aún no está completamente desarmada y retirada de mi propiedad, desmantelar esa bomba nos cambió por completo la forma de pensar, lo cual nos devuelve al inicio de esta nota.

Viví situaciones e historias que, para una escritora y creadora como yo, se trata de materia prima extraordinaria. Voy a pasar años explotando ese material.
Tomé contacto con personas que cambiaron mi manera de comprender las problemáticas.
Aprendí, me adapté, y adquirí habilidades insospechadas.

Entendí que la vida se trata de eso: de adaptarse continuamente, de cambiar.

Venía escribiéndolo en mis modelos y produciendo los cambios pertinentes, pero tuve que hacerlo en tiempo real y sin aviso de curva.

Eso aceleró y perfeccionó las habilidades que ya venía desarrollando y sistematizando.

Hoy volví a mi escritura y a mis modelos, a sacar fotos de recitales y paisajes en vez de fotos de mecanismos explosivos. Queda mucho camino por andar, pero lo estamos transitando.

¿Qué pasó finalmente con la bomba en mi jardín? Sigue ahí, aún no la retiré por completo.

Pero al menos ya sé que no va a explotar.

Y si explota, ¡ya están todos avisados!


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