Un Héroe del Pasado al Rescate

Tomé contacto cercano con la figura de San Martín en San Juan, cuando con Axel en mayo de 2025 recorrimos a caballo parte del trayecto inicial que el General hizo al frente del Ejército de los Andes.

Barreal fue el principal punto de preparación del ejército antes de internarse en la alta montaña.
Allí se concentraron hombres, provisiones y miles de animales antes de iniciar el ascenso por el exigente Paso de Los Patos. Más de 3.000 soldados y cerca de 9.000 mulas y caballos formaban parte de la expedición que se preparaba para cruzar los Andes.

Cuando visitamos Barreal quedé sorprendida por la belleza del lugar y la energía del ambiente. Para una persona perceptiva como yo, puedo decir que se respiraban aires de libertad.

Barreal, sin embargo, no es de fácil acceso. Nosotros llegamos desde Uspallata, en Mendoza, por una ruta nacional sinuosa que, de pronto y en medio de la nada, se convirtió en 40 kilómetros de ripio. Fue ahí donde la camioneta se rompió por primera vez.

La Kia Carnival que nos transportaba durante la Travesía 88 no es un todoterreno. Tampoco estaba respondiendo bien al viaje ni a las alturas cada vez mayores, y en Barreal terminamos quedándonos un par de días más de lo planeado para arreglar la rotura.
El único camino para salir era continuar hacia San Juan capital, a 212 kilómetros de ruta sinuosa, del otro lado de las montañas y en dirección opuesta a la que veníamos. Para hacer ese trayecto, necesitábamos tener el vehículo en condiciones.

Así que aproveché los días extra para empaparme de Barreal y de las historias del cruce del General San Martín, dado que en ese entonces mis estudios acerca de la libertad y la independencia me habían llevado a analizar tanto la figura de San Martín como la de Manuel Belgrano.
Consideré mis días en Barreal como una oportunidad única para entender mejor su hazaña, porque además en la zona de Mendoza y San Juan la gente lo idolatra.

Cuanto más conocía acerca de lo que había hecho, más extraordinario me parecía él como figura.
No se limitó a comandar un ejército: organizó durante años hombres, armamento, animales, alimentos, rutas y recursos para atravesar una de las barreras naturales más difíciles del continente y atacar a las fuerzas realistas desde un lugar que parecía improbable.
Cruzó los Andes, contribuyó decisivamente a la independencia de Chile y continuó después hacia Perú, porque entendía que la libertad de las Provincias Unidas no podía sostenerse mientras el poder español conservara sus principales posiciones en Sudamérica.

Pero también me llamó la atención otra parte de su historia: San Martín no parecía interesado en conquistar poder para sí mismo.
Después de dedicar años a una campaña de dimensiones continentales, supo retirarse cuando consideró que su presencia podía entorpecer un objetivo mayor. Había puesto su capacidad militar, política y estratégica al servicio de una idea que excedía ampliamente su propia figura: la independencia.

Más allá de sus logros, lo que me sorprendió en Barreal fue dimensionar lo difícil que había sido físicamente ese cruce, sobre todo sabiendo que San Martín se encontraba muy enfermo. En algunos tramos tuvo que ser transportado en mula e incluso en camilla.
Aun así, siguió al frente de una expedición de miles de hombres y animales que debía atravesar la cordillera y llegar a Chile en condiciones de entrar enseguida en batalla. 

¿Dónde están esos héroes hoy en día? 
¿Por qué no existe nadie capaz de llevar a cabo proezas increíbles en nombre de ideales importantes y necesarios?

Todos se venden, tienen miedo, se esconden.

En mi opinión existe algo mucho más interesante y valioso que el dinero: la inmortalidad

No hablo de vivir para siempre, sino de dejar un legado que perdure por generaciones y cambie el destino de naciones y pueblos.

Necesitamos más héroes y menos políticos.
La gente quiere líderes heroicos, figuras imponentes e inquebrantables. 
Por eso las figuras políticas que se presentan con un relato místico (del tipo que sea) atraen tanto al imaginario popular, por más que nos decepcionen una y otra vez.

San Martín tiene mucho para enseñarnos.
Aprendemos de él en la escuela, y eso nos deja una imagen infantil y blanda de un hombre férreo que no se detuvo ante nada ni ante nadie, aún en la enfermedad y en la adversidad.
Ese temple de carácter, esa voluntad de acero aplicada al servicio de la libertad y la independencia, no los encuentro hoy en día por ningún lado.

San Martín nos muestra el camino, como siempre.
No hace falta inventar nuevos héroes: hace falta volver a mirar a los que ya tuvimos y entender qué los hizo capaces de cambiar la historia.

Fotos de la Travesía en mis historias en ig 
https://www.instagram.com/silvanamalacari/

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