Hace dos días escribí acerca de
acompañar a mi hijo de 12 años, en su camino de aceptación de su diagnóstico de diabetes tipo 1, y hoy quiero hablar acerca de lo que
realmente necesitan los niños y niñas en estos tiempos de cambios acelerados y elevada incertidumbre.
Qué actual y sensato suena eso: "cambios e incertidumbre".
Aunque, pensándolo bien, quizá no tenga nada de particularmente actual.
Me pregunto si en la primera y segunda guerra mundial la gente no sintió miedo al cambio, o la necesidad de adaptarse aceleradamente para sobrevivir, algo de lo que hablo un poco en mi artículo de "Cómo desmantelar una Bomba Atómica".
Sin irnos tan lejos geográficamente, conocemos de la adaptación a la que tuvo que someterse la población forzadamente al estado de terror vivido durante la última dictadura militar en Argentina, solo por nombrar una de las tantas atrocidades sufridas en el país.
Nuestro presente parece excepcional porque lo estamos viviendo, pero todas las generaciones tuvieron que enfrentarse a cambios que alteraron radicalmente su forma de entender el mundo.
Estudiar historia es estudiar el cambio permanente: sociedades y culturas que se crean, se transforman y se adaptan conforme avanza y retrocede la marea de la vida, que nunca se detiene.La pregunta no es cómo proteger a nuestros hijos del cambio, porque eso es imposible.
La pregunta es qué herramientas podemos darles para que sepan atravesarlo.
No es casualidad que muchas personas terminen convirtiéndose, con los años, en versiones de sus propios padres, muy a pesar suyo.
Como madres y padres, educamos a los chicos con lo que somos, lo que aprendimos y conocemos, por más que nos pese reconocerlo y no sepamos cómo cambiarlo.
Esta idea adquiere especial relevancia en el día de hoy, que se celebra el día del niño, de las infancias, de los chiques o como quieran llamarlo. No es un día de pochoclos y regalos solamente; puede convertirse en un día en donde pensemos qué es lo mejor que podemos hacer por ellos.
Considero que como adultos responsables debemos mirarnos y repensarnos ubicados en esta época y con las herramientas con las que contamos.
Hay ideologías, formas de pensar y comportarse que ya no pertenecen a esta época y entorpecen la evolución de las siguientes generaciones.
Hay prácticas que son especialmente dañinas hoy en día con las redes sociales y el acceso instantáneo a la información y a las personas.
Se propagan porque mucha gente las imita. Podemos detenerlo, empezando por uno mismo.
Hoy propongo no solo educación para los chicos sino también escuela para padres.
Los chicos aprenden de lo que ven, de lo que escuchan, de las conductas que escondemos de ellos, de los silencios cargados de significados ocultos. No son ajenos a los conflictos de sus familiares, los absorben y los perpetúan de diferentes maneras.
Resolver los conflictos y revisar muestras propias actitudes y conductas es lo que necesitan los chicos para una mejor educación, tanto en las escuelas como en las casas.
Que tengan todos un lindo domingo del día del niño.