ChatGPT Enseña a Pensar

Voy a desarrollar un tema que me apasiona y reúne dos campos que estudio desde hace años: la mente y la tecnología.

Trabajo con ChatGPT desde junio de 2023, cuando saqué cuenta premium y nunca más me fui.
Desde entonces abrí más cuentas, hice upgrades, probé features, instalé aplicaciones, pero, por sobre todas las cosas, dialogué sin cesar con la inteligencia artificial.

La IA aprende de interactuar con los humanos, lo cual forma parte de la columna vertebral del desarrollo de esta tecnología. 
Lo que no he visto desarrollado en ningún lado es el concepto inverso: ¿qué aprende la mente humana de dialogar con un ente como la IA?

Mi experiencia me dice que aprende muchísimo.
No hablo solamente de adquirir información. Para eso existen los libros, Google, las universidades y cualquier cantidad de herramientas previas a ChatGPT.

Hablo de algo bastante más interesante: aprender observando cómo la inteligencia artificial procesa, ordena, relaciona y devuelve la información; así como la capacidad que tiene de cambiar el enfoque infinitas veces sin ningún tipo de inconveniente -ni cansancio, por mucho que nos pese-.

Cuando una persona dialoga muchas horas con ChatGPT empieza a exponerse de manera sostenida a determinadas estructuras de pensamiento.
La IA toma una masa de información, detecta relaciones, organiza conceptos, establece jerarquías, compara variables, encuentra contradicciones y devuelve una respuesta estructurada en segundos.
Uno puede estar pensando algo de una manera completamente desordenada, escribirlo tal como viene a la cabeza y recibir de regreso una estructura que permite verlo de otro modo.

Ese proceso, repetido miles de veces, enseña a pensar.

La mente empieza a reconocer esas estructuras.
Aprende a formular mejor una pregunta, a separar variables, a distinguir una hipótesis de un hecho, a detectar qué información falta, a buscar contradicciones y a ordenar una secuencia antes de sacar una conclusión.
En determinado momento uno descubre que empieza a hacer por sí mismo cosas que antes necesitaba pedirle a ChatGPT.

Eso es aprendizaje.

Y es ahí donde para mí comienza la parte realmente interesante.

La inteligencia artificial no solamente responde: modela una determinada forma de procesar información frente a quien la está observando. No porque tenga la intención de enseñar, sino porque su funcionamiento queda expuesto en cada interacción y la mente humana aprende por exposición.

El proceso sería algo así:
Yo pregunto algo.
ChatGPT responde.
Observo cómo lo estructuró.
Detecto algo que no había considerado o que necesito que lo analice diferente.
Reformulo mi pregunta.
La IA reorganiza nuevamente la información.
Encuentro una contradicción o una nueva observación. La señalo.
La respuesta cambia.
Introduzco nueva información con nuevos enfoques.
El modelo vuelve a procesarla, cambiando el enfoque y la forma de pensar un problema.
Me devuelve información pensada diferente.
Aprendo de cómo ChatGPT cambia enfoques, reestructura y ordena.
Y así sucesivamente.

El resultado no es una sucesión de preguntas y respuestas, sino un circuito de retroalimentación que puede volverse extremadamente rápido.

Ahí aparece lo que considero una hiperaceleración del aprendizaje.

La mente humana tiene tiempos biológicos. Necesita leer, comparar, pensar, equivocarse, volver hacia atrás, recordar y relacionar información. La inteligencia artificial puede ejecutar parte de esos movimientos en segundos y devolverlos inmediatamente para que la persona continúe pensando desde un punto más avanzado.

No significa que la IA aprenda “mejor” que el ser humano en todos los sentidos. Significa que su velocidad de procesamiento y su capacidad para reorganizar enormes volúmenes de información pueden funcionar como un acelerador externo del pensamiento humano.

La diferencia es enorme. Antes podía pasar días intentando ordenar una idea compleja.
Hoy puedo someterla a veinte rondas de análisis en una hora.
Puedo plantear una hipótesis, pedir objeciones, introducir nueva evidencia, cambiar una variable, adjuntar documentos, volver sobre una conversación anterior, comparar dos modelos y reformular la pregunta prácticamente en tiempo real.
También puedo tener múltiples cuentas de ChatGPT trabajando con la misma información en simultáneo, lo que genera múltiples puntos de vista en paralelo.

Cada respuesta de los chatbots modifica la siguiente pregunta.
Y cada pregunta mejor formulada produce una respuesta más precisa.

Se genera entonces un fenómeno circular: cuanto mejor aprende la persona a interactuar con la IA, más sofisticadas se vuelven sus preguntas; cuanto más sofisticadas son las preguntas, más complejas son las respuestas que recibe; y esas respuestas, a su vez, modifican la manera en que la persona estrictura su pensamiento, por lo que sus ideas también van a cambiar.

Ese ida y vuelta no solo hace que ChatGPT aprenda de la interacción y mejoren sus respuestas, sino que además puede producir un salto cognitivo considerable en la mente del usuario.

Lo veo especialmente en la capacidad de estructurar información.
Después de años trabajando de esta manera, noto que mi mente busca automáticamente categorías, relaciones, capas, secuencias y contradicciones.
Frente a un problema complejo ya no intento solamente encontrar una respuesta: intento entender cómo está construido el problema.

Eso también cambia la manera de aprender.

La educación tradicional suele presentar información ya organizada. Primero viene un tema, luego otro, después una evaluación para comprobar cuánto se retuvo. La mente en este proceso tiene un rol relativamente pasivo.

Con una inteligencia artificial conversacional ocurre algo completamente distinto: el conocimiento puede organizarse alrededor de la curiosidad de la persona y eso potencia el aprendizaje humano exponencialmente.

Una pregunta lleva a otra.
Una respuesta abre un concepto desconocido.
Ese concepto conecta con otro campo.
Aparece una contradicción u observación.
Se vuelve hacia atrás.
Se reformula todo.
El aprendizaje deja de ser lineal.

Y ahí encuentro una similitud enorme en el aprendizaje de la IA con el funcionamiento de la propia mente humana, que tampoco piensa siguiendo capítulos numerados.

Piensa por asociación.

La diferencia es que ahora existe una herramienta capaz de seguir esas asociaciones prácticamente a la velocidad en que aparecen y devolver información organizada de forma magustral en segundos.

Para mí, esa combinación es extraordinaria y explosiva: una mente humana curiosa conectada a una herramienta inteligente que aprende a la par, capaz de procesar, comparar y reorganizar información a una velocidad muy superior a la propia.

Pero hay una condición.
La IA puede acelerar muchísimo el aprendizaje, pero también puede producir exactamente el efecto contrario si la persona delega en ella el proceso de pensar.

Si pregunto para evitar pensar, probablemente termine pensando menos.
Si pregunto para expandir una idea, confrontarla, verificarla, encontrar puntos débiles y construir nuevas relaciones, ocurre lo contrario.

La herramienta es la misma. Lo que cambia es la posición mental de quien la utiliza.

Por eso considero que la verdadera transformación producida por la inteligencia artificial no está solamente en lo que las máquinas son capaces de hacer.

También está en lo que los seres humanos podemos aprender al interactuar intensamente con ellas.

Durante años hemos discutido cuánto aprende la IA de nosotros.
Es momento de hablar de lo que la interacción con chatbots inteligentes puede hacer por la educación humana, el aprendizaje y el manejo de la información.

Educar no es meter información en la cabeza: es moldear estructuras de pensamiento que luego serán las responsables de filtrar y emitir las ideas que aparecen en la mente humana diariamente.

Este tema realmente me entusiasma porque en vez de ver fatalismos en el avance de la IA, veo posibilidades infinitas de expansión.

Todo depende, siempre, de la forma de pensar y de tener la plasticidad necesaria en modificar esa forma de pensar de acuerdo al aprendizaje y la necesidad, algo de lo que hablo también en mi crónica de "Cómo desmantelar una bomba atómica" donde reflexiono acerca de superar obstáculos imposibles.

Tengo mucho para ampliar sobre este tema. Esta es simplemente una breve introducción al método que estoy desarrollando respecto de la forma de utilizar ChatGPT para aprender a pensar, y hablo de esa IA y no de otras por razones que voy a desarrollar en otro artículo.

No hay límites para el aprendizaje, ni el de las máquinas ni el humano. 
Es necesario adaptarse, porque la integración hombre-máquina es el camino de la evolución del futuro.
No puede detenerse, solo se puede encauzar de forma de lograr mejores avances y no mayor destrucción.

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